Noción de terrorismo y sus implicaciones en el contexto colombiano.

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Para nadie es un secreto que el afamado filósofo alemán Jurgen Habermas, con su obra lo que busca es recuperar el contacto perdido para su época, entre dos aspectos: la teoría y la práctica, eso frente al siempre buscado equilibrio de los saberes positivos y científicos.

Este autor plantea que no es posible el ser objetivos frente a algún punto en concreto, pues siempre estaremos de frente a juicios internos de valor e intereses, razón por la cual aquellos saberes resultan disminuidos en la medida en que se basan en una razón esencialmente instrumental.
El resultado de esta afirmación, es la creciente burocratización de la sociedad a todos los niveles y la falta de compromiso de los ciudadanos con la política.

Una de las principales propuestas que postula este personaje consiste en la implementación de una razón comunicativa, cuyo fundamento sería el carácter consensual de todo saber, y que devolvería a la sociedad el control crítico y la orientación consciente de fines y valores.

Ahora bien, según Habermas como se lograría ese resultado, fácil, a través de la utilización del concepto de acción comunicativa; refiriéndose esta a la interacción de por lo menos dos sujetos capaces de lenguaje y de acción (ya sea con medios verbales o con medios extraverbales).

El objetivo específico de traer a colación toda esta serie postulados, es básico, pues jamás podríamos entender los escritos de un autor si no tenemos claro cual es su línea de pensamiento.

En el texto fundamentalismo y terror es importante destacar el alcance que le da el autor al termino fundamentalista, “con ese calificativo se designa una actitud espiritual que se empeña en la imposición de convicciones, aun cuando ellas están lejos de ser aceptadas a nivel del conglomerado social”. Lo anterior vale para ciertas religiones propias del medio oriente, en la que los guardianes y los representantes de la fe, ignoran la situación cognitiva de una sociedad pluralista, desde el punto de vista de las concepciones del mundo y se emplea el uso de la violencia para tratar de imponerse políticamente.

Lo rescatable de todas esas posturas es lo que expresa Habermas frente al furioso recurso fundamentalista a las tesis de la fe, pues se expresa que en la modernidad lo que deben primar son los procesos de aprendizaje auto reflexivos, pues la práctica de conductas como esas, simplemente generan disonancias mentales.

Entrelazando lo anteriormente expuesto, con el caso colombiano, es importantísimo plantear si debemos hacer una distinción entre el terrorismo y el crimen común, a lo que de inmediato respondo que: para los actos terroristas jamás debe haber una disculpa, independientemente de los motivos y de las circunstancias politicas que respalden la acción, pues nada en lo absoluto da derecho a asumir la vida y el sufrimiento de otros, ahora bien, la principal diferencia entre uno y otro fenomeno, radica en que el terrorismo como tal, merece interés no solo de la comunidad nacional, sino tambien de la internacional, aspecto este que no ocurre con los sucesos de corte privado ya que estos se solucionan con la implementación de optimas politicas criminales que incluyan buenos procesos de readaptación del infractor.

La puesta en marcha en Colombia de un gobierno de mano dura para encarar el conflicto armado vivido, estaba casi asegurada, dado que la población estaba hastiada de las continuas manifestaciones de terrorismo por parte del brazo armado de la guerrilla de las FARC y del ELN.

Fácilmente podíamos distinguir tres bandos, el primero, integrado por el legitimo y constitucional ejercito nacional, el segundo, estructurado por cuerpos especiales de seguridad ciudadana (AUC), y el tercero, las fuerzas revolucionarias de Colombia.

Desde la genesis del mandato del Dr. Álvaro Uribe, se manejaron teorías retrogradas propulsoras de la lucha a sangre y fuego, negando desde siempre la posibilidad de una salida conciliada, en la que se vea reflejada la obra de habermas respecto a la importancia de los actos de habla.

Considero que ya es hora que en el estado colombiano se renueven los criterios de respeto y vigilancia en el cumplimiento de los derechos humanos, y que la derecha que maniobra el timonel de la nave, admita que fallo, pues la táctica guerrerista empleada, solo sirvio para traumatizar y desensibilizar aun mas a la comunidad.

¿Nadie es juez ético de nadie?

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Comienzo mi disertación expresando que, sin lugar a dudas no comparto criterios con la expresión con la que titulo el escrito, manifiesto abiertamente tal circunstancia fundamentado en los argumentos éticos que a continuación enunciare.

Lo primero que debemos tomar en cuenta es la diferenciación existente entre el concepto de Moral y Ética, pues estos, frecuentemente son confundidos a nivel del conglomerado social.

En ese sentido tenemos que, La ética estudia la moral y determina qué es lo bueno, y desde ese punto de vista, cómo debemos actuar en comunidad. Es decir, es la teoría o la ciencia del comportamiento moral. Se puede clasificar como lo que define a algo, como bueno o malo, a diferencia de la moral, que define lo correcto e incorrecto. En la vida cotidiana constituye una reflexión sobre el hecho moral, busca las razones que justifican la utilización de un sistema moral u otro.

Ahora bien, entratándose de lo que nos ocupa, refuto el planteamiento, basado en un cuestionamiento efectuado en el texto “Ética para periodistas”, "¿es viable que coincidan o son realmente independientes la Ética y la Técnica?", a lo que se responde que la pregunta es totalmente valida porque en el abanico de posibilidades educativas, hablando concretamente de las profesiones que existen, estas dos alternativas, no siempre armonizan. Nos dicen que es totalmente considerable ser un profesional de óptimas calidades técnicas, y de pésimas calificaciones éticas, verbigracia, un Abogado de las más altas técnicas profesionales que olvida las normas éticas de su profesión y convierte su ejercicio en un negocio de elevadísimos rendimientos.

Planteado lo anterior, que quiero manifestar con todo esto que estoy escribiendo, el análisis resulta simple, pues es evidente que para los profesionales activos existen cuerpos colegiados que se encargan de regular y juzgar las conductas que atentan contra las disposiciones de corte etico.

Me permito ejemplificar tomando como objeto de raciocinio al Jurista.
El derecho como todas las profesiones liberales, debe cumplir una función social.
Los artículos 1 y 2 del Decreto 196 de 1971 “Estatuto del Abogado” señalan la siguiente idea:
Artículo 1: "La abogacía tiene como función social la de colaborar con las autoridades en la conservación y perfeccionamiento del orden jurídico del país, y en la realización de una recta y cumplida administración de justicia".
Articulo 2: "La principal misión del abogado es defender en justicia los derechos de la sociedad y de los particulares. También es misión suya asesorar, patrocinar y asistir a las personas en la ordenación y desenvolvimiento de sus relaciones jurídicas".

Lo antepuesto indica que la abogacía no es, como muchos piensan, una alternativa fácil para enriquecerse sin importar los medios utilizados, ni es tampoco defender cualquier causa, así sea injusta si los honorarios son importantes, ni tampoco el abogado es un hombre diestro en el manejo de la ley que puede defender a un mismo tiempo lo blanco y lo negro.

La misión del abogado es servir a la justicia y no pleitear, como comúnmente se dice. La misión del abogado es dar luz, y no complicar aun más los problemas. El abogado es un luchador por la justicia y debe tener, además de la rectitud de conciencia, profesionalidad, independencia, libertad y ser un defensor de los derechos humanos.

Además de la responsabilidad moral, el abogado tiene responsabilidad civil cuando actúe con temeridad o mala fe (artículos 73 y 74 C.P.C.), responsabilidad disciplinaria cuando incurra en alguna o algunas de las faltas tipificadas en el Título VI (artículos 48 a 56) del Decreto 196 de 1971, y responsabilidad penal cuando cometa alguno de los delitos establecidos por el Código Penal.

No podemos afirmar que todos los abogados, y ni siquiera que la mayoría, falten a la ética profesional. Sin embargo, esa minoría que transgrede los valores éticos está causando grave daño a la abogacía, que es enjuiciada por la sociedad y responsabilizada de la falta de credibilidad de los abogados y la desconfianza que se les tiene.

En Colombia existen cuerpos colegiados encargados de llevar a término el procesamiento y juzgamiento de los profesionales del Derecho que incurran en faltas de esta índole, es el caso del CONSEJO SUPERIOR DE LA JUDICATURA y Los distintos Colegios de Abogados de las diferentes ciudades.

Estas consideraciones son las que me permiten afirmar con vehemencia que nosotros los seres humanos en especial aquellos que ejercen profesiones como El Derecho, La Medicina, La Comunicación Social, en fin, si tenemos jueces naturales, sobretodo en aquellos casos en los que los postulados éticos son desvalorados.

“Estanislao Zuleta nos dice que Los colombianos normalizamos vivir en una democracia formal cruzada por el terror; aceptamos unos términos inequitativos e injustos en lo social; refrendamos un Estado atrapado en prácticas clientelistas y corruptas y cuyos agentes desbordan muchas veces sus fueros legales; desistimos del rigor racional para entender y actuar en la difícil realidad que tenemos, privilegiando un emocionalismo de corto alcance; degradamos la política y la ética, con sus requerimientos de causalidad y fundamentación, para poner en su lugar una estrecha moralización que reduce todo a asunto de buenos y de malos; trivializamos la vida en lugar de asumir la gravedad de lo que vivimos; dimos curso a la sensiblería y cerramos el camino a la sensibilidad; nos acostumbramos a unas clases dominantes enfebrecidas por el dinero y sin reato para con el horror en aras de sus intereses; confundimos la reclamación social con la subversión; nos habituamos a la resignación o a la explosión frente a las injusticias; cohonestamos con un Estado que, por débil, es terriblemente violento.

Notamos pues que el Maestro Zuleta discurre a cerca del estado actual de nuestra sociedad, gracias a la falta de compromiso e interés de nosotros mismos, pienso que en ese escrito a pesar de estar haciendo criticas a la posición frente a la actitud de vida del colombiano, también nos exhorta al cambio, entre otras cosas porque este es viable, es decir se puede conseguir siempre y cuando lo propiciemos día a día con nuestro esfuerzo y dedicación.

Necesariamente dentro de las sociedades deben existir este tipo de organizaciones encargadas de censurar conductas antiéticas, claro esta, la cuestión no debe limitarse al ámbito de lo profesional, sino también incluir las actuaciones de todos los individuos, pues los juicios de reproche en los aspectos morales deben primar en aras de fortalecer conductas.

Para finalizar quisiera expresar que El Maestro Estanislao Zuleta nos enseña que a través de la Educación y la Lectura lograremos interiorizar los Valores Morales y Culturales necesarios para convertirnos en personas integras, desarrollando de esta manera niveles inigualables en cuanto a intelectualidad, esto necesariamente nos convierte en seres con un elevado criterio de lo Justo, lo cual a lo sumo nos conduciría a tener la objetividad necesaria para rechazar conductas humanas deplorables e indecorosas.

La violencia en las prisiones.

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Desafortunadamente la marcada irresponsabilidad y la falta de honestidad de muchos de los funcionarios de la administración publica ha traído como consecuencia que el conglomerado social ya no crea en las Instituciones, permitome afirmar que entidades como la rama judicial, la Fiscalía General de la Nación y el instituto nacional penitenciario y carcelario INPEC, lideran ese escalafón, eso por la sencilla razón de que muchos damos por cierto el famoso adagio popular que reza: “la ley es para el de ruana”.

Con fundamento en lo expuesto, considero que siendo este aspecto uno de los tantos factores generadores de inconformidad y violencia, la ciudadanía debe asumir postura y generar el cambio desde el núcleo familiar.

Se hace necesario destacar que esa violencia no solo esta en la provincia colombiana ni en las urbes de gran magnitud, no, con el correr de los años se ha venido trasladando hacia las cárceles, en especial a la de Ternera, lugar en donde se han perdido valores como el respeto, la solidaridad y la tolerancia.
Para nadie es un secreto que esta forma de comportamiento de la que hablo también encuentra su génesis en los tratos degradantes y crueles que ejercen los guardias hacia los reclusos, circunstancia que sin lugar a equívocos lo único que acarrea es una latente incitación al conflicto interno.

En consecuencia con lo anterior es valido afirmar que los establecimientos penitenciarios se encuentran totalmente desnaturalizados, tanto que las finalidades de reinserción y readaptación del reo en la actualidad no reportan valides alguna.

Por otro lado con la entrada en vigencia de la Ley 906 de 2006 lo pretendido es atribuir más celeridad al proceso penal, confío plenamente en que así suceda, pues las estadísticas del INPEC del año 2005 hacia abajo evidenciaban que en nuestro país el 30% de las personas que se encontraban privadas de la libertad lo estaban en detención preventiva, soportando de este modo largos años para que se les resuelva su situación, esto es un aspecto que trastorna y genera mucho inconformismo.

Ahora bien, con lo dicho no pretendo poner en tela de juicio la facultad punitiva y de privación de la libertad que tiene el Estado, lo procurado es exponer que en ese afán de cumplir con los fines Constitucionales jamás se pueden desconocer derechos inalienables a la condición de persona y además que estos no desaparecen por el hecho de estar purgando una condena.

A modo de conclusión considero que los centros de reclusión no son otra cosa que lugares de rehabilitación y recuperación del individuo infractor de las normas penales, en ese sentido ellos no se pueden convertir en sedes de envilecimiento y destrucción de personas produciendo de este modo resentimiento y odio hacia la sociedad lo cual teniendo en cuenta la actualidad colombiana es lo que menos se necesita.